30.000 años de prehistoria en Bolivia.



IBARRA GRASSO, Dick Edgar y QUEREJAZU LEWIS, Roy

Comenzaremos esta obra con un tema qué a la mayoría de los lectores parecerá directamente Prehistoria, pues aún no habían nacido. Llegamos por primera vez a Bolivia en abril de 1940, un par de días antes que el General Peñaranda asumiera la Presidencia de la República.
Teníamos 26 años entonces, y hemos pasado en el país 22 años casi, o sea que hemos estado en varias oportunidades prolongadas, con retornos periódicos también prolongados, a nuestro país, la Argentina. En aquella lejana primera estadía en Bolivia, estuvimos cuatro años, con pequeños retornos anuales a Buenos Aires para ver a nuestros familiares, padres y hermanos.
Vinimos por nuestra cuenta económica, aunque no disponíamos de demasiados fondos para permanecer en el país, pero posteriormente obtuvimos trabajo en Potosí y Sucre, y ello nos permitió subsistir esos cuatro años.
Nuestro interés al venir a Bolivia tenía más de un motivo, uno de ellos se encuentra tratado en la presente obra. Este interés consiste en lo siguiente: desde años atrás diversos investigadores argentinos, y el alemán Max Uhle, habían comparado las culturas nativas del Noroeste argentino con las de la costa peruana, sosteniendo que había relaciones entre ellas. De Bolivia, en aquellos tiempos, prácticamente sólo se conocía, muy poco, la civilización de Tiahuanaco, y Max Uhle también comparó una prehistórica cultura del N.O. argentino con esa civilización. Por cierto todas esas comparaciones eran bastante vagas, pero en el momento aportaban una luz dentro de la prehistoria de la zona Andina.
Desde antes de pisar tierra boliviana ya nos habíamos planteado el problema general siguiente: si se hacían comparaciones arqueológicas entre el N. O. argentino con la costa peruana, el territorio boliviano que quedaba como zona intermedia tenía que darnos materiales arqueológicos de tránsito de mucho más valor comparativo que todo lo que se conocía, y también Tiahuanaco no podía ser la única cultura precolombina que se hubiese desarrollado en las
extensas regiones del Altiplano y los Valles de Bolivia. Ese aspecto "de tránsito" tuvo que ser abandonado poco tiempo después, ante la extensa gama de nuevas culturas que fuimos descubriendo, unas conectadas y otras no con lo mencionado anteriormente respecto a las relaciones con la Argentina y Perú.



IBARRA GRASSO, Dick Edgar y QUEREJAZU LEWIS, Roy. 30.000 años de prehistoria en Bolivia. La Paz- Bolivia, Rolando Diez de Medina, 2012.
195p.




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