Las entrañas del arte: un relato material. (siglos XVII-XXI).



SIRACUSANO, Gabriela (curadora).

El taller como laboratorio de ideas. Sustancias viscosas, olores penetrantes, manos coloreadas, trapos empastados, caras empolvadas. Detrás de los discursos estéticos, de los sueños de la imaginación creativa y de la eficacia de las imágenes, se halla el espacio del taller del artista. Un territorio que, a lo largo del tiempo, se fue instalando ya en las naves de alguna iglesia, ya en los fondos de una morada, en el descanso de un prado, en un galpón alquilado o en las calles de una ciudad. Territorio íntimo de los materiales que no es otra cosa que una “dimensión del pensamiento” en el juego de posibilidades estéticas que enlazan la materia y la idea. No es casual que la representación de este territorio haya siempre convocado el interés de los artistas. Escenas como las del artista en el taller, con sus pigmentos desplegados en losas, escudillas, frascos, o paletas, junto con pinceles, lápices, espátulas, papeles y tientos, en el caso de los pintores; o sus maderas, piedras, metales, martillos, gubias y cinceles, en el caso de los escultores; en pleno trabajo o en el reposo luego de la obra terminada; solos o acompañados por sus modelos o sus colegas, son frecuentes en la historia del arte.

Dichas representaciones son fuentes privilegiadas para la construcción de esta historia. Así, en épocas en las que estas imágenes escasean –me refiero al período en el que parte de nuestro territorio perteneció al Virreinato del Perú y, posteriormente, al Virreinato del Río de La Plata–, la información se desvanece. El grabado que publicó en el siglo XIX el viajero Paul Marcoy sobre el taller de un pintor andino, a quien llamaba irónicamente el “Rafael de la Cancha”, nos ofrece pocos indicios: apenas unas escudillas, trapos, su pincel y su tiento, un lienzo con la imagen a medio terminar de una Madonna con el niño –apoyado sobre el respaldo de una silla que hace las veces de atril–, una grotesca musa inspiradora y numerosos grabados –tal vez sea éste el dato más interesante– colgados en la pared de su obrador-establo. En el siglo XXI, Carlos Alonso despliega la fuerza de su dominio del papel, los colores y el trazo enérgico en un autorretrato donde presentasu mesa de trabajo; mientras Gabriel Grün, pintor que revisita las distintas posibilidades de las técnicas del óleo de los antiguos, aplica pigmentos y aceites sobre una superficie cuidada y translúcida para representar los elementos que lo acompañan en los momentos de creación, entre ellos, los frascos con colores azules, rojos o amarillos. Todo esto nos habla, entonces, de un espacio cargado de gestos cercanos a la práctica de la experimentación, una actividad que también nos evoca la manipulación de probetas y tubos de ensayo del químico, o, por qué no, de cucharones y ollas, en los dominios del cocinero...



SIRACUSANO, Gabriela (curadora). Las entrañas del arte: un relato material. (siglos XVII-XXI). 1a ed. Buenos Aires: Fundación OSDE, 2008.
104 p.: il. ; 22x15 cm.
ISBN 978-987-9358-33-7

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SIRACUSANO, Gabriela (curadora). Las entrañas del arte: un relato material. (siglos XVII-XXI)
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