Visión del Arte Latinoamericano en la década de 1980.
Centro Wilfredo Lam El Centro Wifredo Lam lleva a cabo un amplio proyecto de investigaciones sobre el desenvolvimiento de las manifestaciones artísticas tercermundistas, realizado a partir del vasto fondo documental con que la institución cuenta.Los resultados de este trabajo, materializado en artículos, introducciones a catálogos y textos, constituyen formas de divulgar los logros creativos del llamado Tercer Mundo, independientemente de la vía de difusión más conocida: la Bienal de la Habana.
El presente libro responde a este cometido. Pero no se trata de un texto fortuito o el fruto de un plan programático, como la celebración bianual del evento expositivo. Las diversas fuentes documentales así como la propia actividad institucional, señalaban la importancia de la década del 80 en la historia de las artes plásticas de una de las regiones de nuestra competencia: América Latina.
Los 80 fueron para esa zona del orbe una década marcada por la confrontación cultural. Fenómenos como la postmodernidad y el boom del arte latinoamericano generaron reflexiones en los analistas de dentro y fuera del continente. En ellas se pusieron de manifiesto enfoques plurales con relación a este arte, sustentados en valoraciones heterodoxas, intereses de mercado y políticas de poder. En lo que respecta a la identidad y desarrollo local de las artes visuales, el pensamiento teórico de la región tuvo un desempeño particular en el debate postmoderno.
Los juicios evaluativos de la teoría estética y la crítica de arte son determinantes en la conformación del concepto de arte y valor artístico. En relación a ellos es sabido que alcanzaron rango de universalidad los prefijados por la experiencia artística europea, de acuerdo al desarrollo de sus contextos. Por ende, los criterios de artisticidad y calidad que prevalecieron fueron los regidos por sus modelos y parámetros.
Asimismo, el arte norteamericano se fundamentó en similares principios y tomó como basamento teórico los criterios de la historiografía europea. De esta forma quedó acuñado un concepto occidental del arte, con el cual identificamos la producción metropolitana.
La producción contemporánea no occidental acusa rasgos híbridos fruto de los cruces culturales ocurridos en sus contextos hoy postcoloniales. Dentro del conglomerado de países que esta producción tiene como escenario, se distingue América Latina por accidentalidad, a pesar de que sus expresiones contemporáneas son también ontológicamente heterogéneas.
No creo necesario detenerme en el relato histórico que explica su grado de accidentalidad ni en los factores que intervienen en su compleja entidad. Baste señalar que desde las vanguardias artísticas que fructificaron en la segunda década del siglo XX, la región ha generado un arte tan complejo como su propia realidad. En él se conjugan elementos culturales endógenos, problemáticas contextuales y lenguajes importados. De estos últimos, el artista latinoamericano se ha apropiado de manera creativa y desprejuiciada sacando ventaja de lo que, de hecho, es uno de los elementos constitutivos de su cultura: el «Occidente». Visión del Arte Latinoamericano en la década de 1980.

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